Museo de Arte El Salvador
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Obras Escultóricas en MARTE

Obras en los exteriores de MARTE

El Museo de Arte de El Salvador –MARTE- muestra en sus áreas exteriores un número de piezas tridimensionales que enriquecen la visita a su edificio. Con sus variados materiales y formas, estas esculturas son obra de artistas salvadoreños y de otros países americanos, abarcando un período desde la segunda mitad del siglo XX hasta principios del siglo XXI.

Dos de estas obras son más antiguas que el edificio mismo y son producto de un concurso para el diseño de un monumento conmemorativo a un hecho histórico. Este complejo, construido en la década de 1950, comprende dos obras monumentales: el  mosaico en piedra dedicado a la Revolución de 1948, elaborado por la salvadoreña Violeta Bonilla (1924-1999) y el mexicano Claudio Cevallos (1931-   ), y la escultura alegórica a la Constitución de 1950, obra en piedra de Francisco Zúñiga (1912-1998) de origen costarricense y nacionalizado mexicano. La primera es todo un referente urbano y para elaborarla se recolectaron piedras de diferentes colores en todo el territorio salvadoreño con las cuales se formó un mosaico de más de metros de altura, el cual representa a una figura masculina desnuda con los brazos en alto simbolizando la liberación de ataduras del pueblo. La segunda, de cinco  metros de altura, está conformada por bloques de piedra tallada, integrando nueve figuras en un solo volumen, plasmadas con la característica amplitud de formas del maestro Zúñiga, entre las que destaca el coronamiento del conjunto con la mujer que representa la patria en posición de vuelo y sosteniendo la bandera.

Los metales dominan en las otras esculturas que el MARTE muestra en su espacio exterior. Ana Mercedes Hoyos (Colombia, 1942-2014), reconocida por sus representaciones de flores, frutas y referencias al trópico, elaboró en lámina metálica la pieza titulada Sandía (2000) con la cual representa, con evidente influencia geométrica, una rodaja de la fruta, impresionante por sus dimensiones y sinceridad del material. Su tamaño se vuelve una alusión a la grandeza del trópico americano, con la cual se da la bienvenida al visitante del museo. De Paloma Torres (México, 1960), se encuentra Elipse (2003), pieza de tendencia vertical elaborada en bronce; la artista, con un trabajo caracterizado por la constante en el paisaje urbano y el énfasis en el aspecto estructural, plantea un elemento que a manera de columna vertebral se levanta entre el estatismo y el dinamismo, presente éste en sus perfiles irregulares.

El resto es producto de artistas salvadoreñas que se han enfocado en la escultura en determinada etapa de su carrera. Negra Álvarez (1948) retomó las formas de un tronco de árbol a través de la fundición de sus formas en metal y le dio como título Maternidad ancestral (1996); el personaje femenino y el tema de la maternidad han sido frecuentes en la producción de esta artista, especialmente en sus figuras pintadas en piezas de madera, por lo que la técnica y tratamiento empleados en esta pieza la hace una obra excepcional. También elaborada en bronce, se encuentra La volcaneña (2009), cuya autora Titi Escalante (1953) se inspiró en las antiguas vendedoras de flores que bajaban a la capital con su mercancía para plasmar esta figura con las formas características de sus personajes en los que se mezcla la fantasía con las formas humanas y anfibias. Verónica Vides (1970) es la autora de Mangle, versión pared (2004), quien ha utilizado varillas de hierro para su escultura en la cual retoma las formas de las raíces de árboles en bosques salados del país, para crear esta obra que parece apropiarse invasivamente del espacio con sus múltiples ramificaciones.

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